Bubsy, la mascota de Accolade de la era de los 16 bits, tuvo un pasado de juegos mediocres pero aceptados. Su debut en Super Nintendo y Mega Drive fue diseñado por Michael Berlyn, un pionero de la ficción interactiva, quien se inspiró en Sonic para crear su propio plataformas. A pesar de competir sin éxito con Mario y Sonic, Bubsy destacaba por su voz, con 22 segundos de diálogo repartidos en dieciséis frases, siendo su lema más famoso “¿Qué podría salir mal?”. Accolade intentó capitalizarlo con una serie de televisión que solo tuvo un episodio piloto.
En 1993, mientras Berlyn trabajaba en juegos para PDAs, Accolade lanzó dos entregas más de Bubsy y exploraba las tres dimensiones. Su nuevo estudio, Eidetic, se encargó de Bubsy 3D para PlayStation, aprendiendo sobre desarrollo en 3D y para consolas. El lanzamiento de Super Mario 64 un mes antes causó un gran impacto en Berlyn, y Bubsy 3D se convirtió rápidamente en un habitual de las listas de los peores juegos de la historia.
A pesar de este fracaso, Sony encargó a Eidetic el proyecto Syphon Filter. Sin embargo, Berlyn abandonó el estudio antes de su lanzamiento, pidiendo que borraran su nombre de los créditos, horrorizado por el rumbo que tomaba el juego y la industria.
Tras el fallecimiento de Berlyn en 2023, Atari, bajo el liderazgo de Wade Rosen, adquirió los derechos de Bubsy con la intención de revivir la franquicia con un enfoque “interesante, innovador y cachondo”. El estudio independiente Fabraz, conocido por Demon Turf y Demon Tides, ganó la convocatoria y desarrolló Bubsy 4D, la cuarta entrega numérica de la serie.
Bubsy 4D es una clara broma, un “meme stock” que abraza su legado con humor. El juego se burla de su pasado, especialmente del infame Bubsy 3D, y se ríe de su protagonista. A diferencia de sus predecesores, cuenta con decenas de diálogos y cinemáticas, reconociendo que Bubsy no puede competir con Mario o Sonic. Lejos de apuntar a un público general, Fabraz se enfoca en los fans hardcore del plataformeo que disfrutan de movimientos complejos y diseño de niveles enfocado en el speedrunning.
El juego comparte elementos con Demon Tides, como gráficos, controles y un sistema de tablas de clasificación similar. El botón que transforma a Bubsy en una bola de pelo es análogo a la transformación de serpiente de Beebz en Demon Tides, útil para la velocidad pero perdiendo precisión.
La estructura de Bubsy 4D es más lineal que la de Demon Tides, con niveles que se juegan dos veces: una para exploración y desafío de plataformeo, y otra para speedrunning. Los niveles, que inicialmente duran entre nueve y diez minutos, se reducen a uno o dos al dominar los movimientos de Bubsy y centrarse en la velocidad. El juego fomenta la experimentación con el salto y las combinaciones de movimientos, similar a lo visto en Super Mario Odyssey, haciendo que los atajos y la optimización de rutas sean una parte natural de la experiencia.
Es un juego de serie B desarrollado con conciencia de sus limitaciones. Ningún nivel es extraordinario, pero tampoco redundante. Su memorabilidad proviene más de los intentos de speedrun que de ideas radicalmente innovadoras o una colocación perfecta de coleccionables. La inconsistencia en la ubicación de objetos, como los ovillos (equivalentes a las monedas de Mario), puede llevar a una exploración exhaustiva no siempre estimulante.
A pesar de sus imperfecciones, Bubsy 4D es un juego agradable. En otra época, habría sido un título excepcional de saldo. En la actualidad, es un plataformas placentero y un regalo para los fans restantes de Bubsy, además de ser un tentempié para quienes disfrutaron de Demon Tides. Fabraz logra introducir al jugador en el plataformeo de alto nivel con sorprendente facilidad. Aunque está lejos de ser un mal juego o un imprescindible, representa un éxito para la colaboración entre Fabraz y Atari, demostrando que la ambición puede superar las limitaciones, incluso para un personaje como Bubsy. Bubsy 3D podría ser más “Bubsy” en espíritu, pero Bubsy 4D juega en una liga tecnológicamente muy superior.
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English Translation:
Bubsy 4D Review: What Could Possibly Go Wrong?
Bubsy, Accolade’s 16-bit era mascot, had a past of mediocre yet accepted games. His debut on Super Nintendo and Mega Drive was designed by Michael Berlyn, an interactive fiction pioneer, who drew inspiration from Sonic to create his own platformer. Despite unsuccessfully competing with Mario and Sonic, Bubsy stood out for his voice, with 22 seconds of dialogue spread across sixteen phrases, his most famous catchphrase being “What could possibly go wrong?”. Accolade attempted to capitalize on this with a TV series that only had a pilot episode.
In 1993, while Berlyn was working on PDA games, Accolade released two more Bubsy installments and explored the three-dimensional realm. His new studio, Eidetic, was tasked with developing Bubsy 3D for PlayStation, learning about 3D and console game development. The release of Super Mario 64 a month prior had a significant impact on Berlyn, and Bubsy 3D quickly became a regular on lists of the worst games in history.
Despite this failure, Sony commissioned Eidetic for the Syphon Filter project. However, Berlyn left the studio before its release, requesting his name be removed from the credits, horrified by the direction the game and the industry were taking.
Following Berlyn’s passing in 2023, Atari, under Wade Rosen’s leadership, acquired the rights to Bubsy with the intention of reviving the franchise with an “interesting, innovative, and fun” approach. Independent studio Fabraz, known for Demon Turf and Demon Tides, won the bid and developed Bubsy 4D, the fourth numerical installment in the series.
Bubsy 4D is a clear joke, a “meme stock” that embraces its legacy with humor. The game mocks its past, especially the infamous Bubsy 3D, and laughs at its protagonist. Unlike its predecessors, it features dozens of dialogues and cutscenes, acknowledging that Bubsy cannot compete with Mario or Sonic. Far from targeting a general audience, Fabraz focuses on hardcore platforming fans who enjoy complex move sets and level design geared towards speedrunning.
The game shares elements with Demon Tides, including similar graphics, controls, and a leaderboard system. The button that transforms Bubsy into a ball of fur is analogous to Beebz’s snake transformation in Demon Tides, useful for speed but sacrificing precision.
The structure of Bubsy 4D is more linear than Demon Tides, with levels played twice: once for exploration and platforming challenge, and again for speedrunning. Levels that initially take nine to ten minutes to complete are reduced to one or two as players master Bubsy’s moves and focus on speed. The game encourages experimentation with jumps and move combinations, similar to what’s seen in Super Mario Odyssey, making shortcuts and route optimization a natural part of the experience.
It’s a B-tier game developed with an awareness of its limitations. No level is extraordinary, but none are redundant either. Their memorability stems more from speedrunning attempts than from radically innovative ideas or perfect collectible placement. Inconsistency in item placement, such as yarn balls (the equivalent of Mario’s coins), can lead to exhaustive exploration that isn’t always stimulating.
Despite its imperfections, Bubsy 4D is an enjoyable game. In another era, it would have been an exceptional bargain bin title. Today, it’s a pleasant platformer and a gift to any remaining Bubsy fans, as well as a high-quality snack for those who enjoyed Demon Tides. Fabraz successfully pulls players into high-level platforming with surprising ease. While it’s far from being a bad game or a must-have, it represents a success for the collaboration between Fabraz and Atari, proving that ambition can overcome limitations, even for a character like Bubsy. Bubsy 3D might be more “Bubsy” in spirit, but Bubsy 4D plays in a technologically superior league.
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